En un nuevo episodio del podcast de OSDEPYM, Micaela Benedetto conversa con la Dra. Zulma Benítez Camacho, médica de familia, magíster en diabetes mellitus e integrante del equipo de Centros Médicos OSDEPYM, sobre un tema que atraviesa la vida cotidiana de millones de personas: la salud metabólica.
A partir de esa charla, aparece una idea central: entender qué pasa en el cuerpo cuando comemos, nos movemos (o no) y nos cuidamos es clave para tomar mejores decisiones… también en vacaciones, cuando la rutina cambia y la tentación de “ya fue, total estoy de descanso” se vuelve fuerte.
Qué es la salud metabólica (y qué la afecta)
La Dra. Benítez explica que la salud metabólica tiene que ver con todos los procesos que se ponen en marcha en el cuerpo cuando metabolizamos los nutrientes: cómo transformamos los alimentos en energía.
Esa salud se puede evaluar con:
- Chequeos de laboratorio: glucemia (azúcar en sangre), colesterol, triglicéridos, ácido úrico, entre otros.
- Controles médicos anuales, donde además se tienen en cuenta antecedentes familiares, edad y otros factores de riesgo.
Cuando estos parámetros se alteran y se mantienen así en el tiempo, pueden aparecer enfermedades como la diabetes tipo 2, la hipertensión y distintas formas de enfermedad cardiovascular.
Por eso, recalca la importancia de los controles periódicos de sangre y orina, sumados al diálogo con el médico de cabecera para revisar antecedentes personales y familiares.
De la mala calidad alimentaria a la insulinorresistencia
Uno de los puntos fuertes del episodio es cómo se explica, en palabras claras, el vínculo entre alimentación, sobrepeso, obesidad y diabetes.
La médica describe un escenario que se repite mucho:
- Alimentación desordenada.
- Alta presencia de alimentos ultraprocesados (galletitas, snacks, comidas listas, fast food).
- Porciones grandes y poco planificadas.
Ese combo favorece el aumento de grasa corporal (los adipocitos) y, con el tiempo, insulinoresistencia.
¿Qué es la insulina y qué significa “resistencia”?
La insulina es una hormona producida por el páncreas que la Dra. Benítez describe como una especie de “portera” de las células: es la que abre la puerta para que la glucosa (el azúcar que viene de los alimentos) entre a las células y se use como energía.
Cuando hay insulinoresistencia:
- La insulina “golpea la puerta” de la célula… pero la puerta no se abre bien.
- El páncreas interpreta que “falta insulina” y fabrica aún más.
- Resultado: hay mucha insulina en sangre (hiperinsulinemia) y mucha glucosa circulando (hiperglucemia).
Ese terreno, sostenido en el tiempo, es la base de la diabetes tipo 2 y se asocia con:
- Acumulación de grasa en hígado (hígado graso no alcohólico).
- Aumento de grasa abdominal y visceral.
- Daño en las arterias y mayor riesgo cardiovascular.
Además, hoy se sabe que el tejido graso no es “inerte”: los adipocitos secretan sustancias proinflamatorias y protrombóticas, que favorecen la inflamación crónica y la formación de coágulos.
Cómo daña la glucosa alta a largo plazo
La glucosa elevada de manera sostenida lastima las arterias. La doctora lo ejemplifica con la imagen de un caño que lleva agua a los distintos ambientes de una casa: si se llena de sarro y, además, se inflaman sus paredes, cada vez pasa menos agua.
En el cuerpo, eso significa menos flujo de sangre y más riesgo de complicaciones en distintos órganos:
- Ojos → retinopatía diabética.
- Corazón → infarto.
- Cerebro → ACV.
- Riñones → insuficiencia renal.
- Nervios periféricos → neuropatía diabética.
Es decir: el problema no es solo “tener azúcar alta”, sino el daño silencioso que esa situación va generando si no se detecta y no se trata a tiempo.
Autocuidado, información y planificación: tres pilares
A lo largo del episodio, la Dra. Benítez insiste en una idea: quien tiene información, puede decidir mejor.
1. Autocuidado y consciencia
Saber:
- Qué pasa en el cuerpo cuando comemos mal de forma sostenida.
- Qué antecedentes familiares tenemos.
- Qué riesgo podemos tener de diabetes, hipertensión u otras enfermedades.
Eso permite que el autocuidado no sea una orden externa, sino una decisión personal más consciente.
2. Planificación de la alimentación
Un eje clave es la planificación:
- Organizar las comidas de la semana.
- Comprar verduras, legumbres, carnes y frutas con tiempo.
- Dejar cosas semi listas (legumbres hervidas, verduras lavadas y cortadas, ensaladas prearmadas en la heladera).
La idea es que, cuando volvés cansado del trabajo, haya opciones saludables a mano y no sea siempre más fácil pedir una pizza o recurrir a ultraprocesados.
3. Hábitos familiares, no esfuerzos individuales
La médica también señala que estos cambios no deberían ser “la dieta de una sola persona de la familia”, sino un hábito familiar: todos pueden beneficiarse de una mejor calidad alimentaria, sin castigos ni “comé todo el plato porque sí”.
Vacaciones: ¿se puede disfrutar igual?
Durante la conversación también se aborda la alimentación en el contexto vacacional.
Pasan varias cosas:
- “Dos medialunas en vacaciones son cuatro”, dice Benedetto, y Zulma coincide: es común sentir que, porque estamos de descanso, todo está permitido y “no va a contar”.
- Se saltean comidas (mate en la playa hasta cualquier hora, sin almorzar) y después se compensa con opciones muy calóricas.
- Aparecen los churros, las milanesas con papas, los postres, las hamburguesas… y si eso se repite todos los días, se refuerza la mala calidad alimentaria.
La médica es clara: no se trata de vivir a dieta estricta ni de prohibir el disfrute, sino de:
- Mantener, en lo posible, los hábitos básicos también en vacaciones.
- Evitar que cada día sea una suma de ultraprocesados y exceso de azúcar y grasa.
- Volver a organizarse al día siguiente si hubo un desorden puntual.
Y suma un enfoque interesante: si comiste de más, movete más. Por ejemplo, si te comiste esos churros en la playa, ese día podés sumar 20 minutos más de caminata.
El rol de la actividad física en la salud metabólica
La actividad física aparece como “la otra pata” tan importante como la alimentación:
- Ayuda a disminuir la insulinoresistencia.
- Protege la salud ósea y muscular.
- Previene obesidad, diabetes y algunas neoplasias.
- Reduce la fragilidad en la vejez y el riesgo de caídas.
No hace falta hacer nada extremo:
“No es ir a correr ni pagar un gimnasio si no podés. Es caminar 10, 15, 20, 30 minutos e ir sumando actividad al día a día”, explica la Dra. Benítez.
Además, el movimiento ayuda a:
- Mejorar el estado de ánimo.
- Bajar el estrés y la ansiedad.
- Evitar que la comida sea siempre la única respuesta emocional.
Mitos frecuentes sobre diabetes, azúcar e hidratos de carbono
En la consulta diaria aparecen muchos mitos. Uno de los más comunes:
“No sé por qué tengo diabetes si no como azúcar, uso edulcorante”.
La médica aclara:
- El problema no es solo el azúcar que se agrega al café o al mate.
- Los hidratos de carbono (almidones, azúcares) están en pan, pastas, arroz, papa, batata, choclo, galletitas, etc.
Cuando se repiten muchas porciones de estos alimentos a lo largo del día, aunque “no se coma azúcar de mesa”, la carga de hidratos puede ser muy alta.
Otro punto importante:
- La diabetes tipo 2 y la hipertensión suelen aparecer juntas porque comparten factores como el sobrepeso, la obesidad y, en muchos casos, la herencia familiar.
- Bajar de peso puede ayudar a disminuir la presión arterial e incluso a reducir dosis de medicación en algunos pacientes.
Además, el estrés y las emociones influyen directamente en la glucemia y la presión: hay pacientes que se alimentan bien pero ven picos de azúcar o de tensión después de situaciones de alta carga emocional.
Nueva pirámide nutricional, proteínas y contexto de cada paciente
Hacia el final, la Dra. Benítez menciona la nueva pirámide nutricional “invertida” de algunas guías internacionales, que:
- Ponen más énfasis en proteínas.
- Resaltan el rol de grasas saludables y semillas.
- Ubican a los cereales más abajo en prioridad.
Aclara algo clave: estas son buenas orientaciones generales, pero siempre hay que adaptar la alimentación al contexto de cada paciente:
- No es lo mismo alguien con insuficiencia renal que una persona sana.
- No come igual un deportista de alto rendimiento que alguien con vida sedentaria.
Por eso, las decisiones sobre alimentación deben tomarse con estudios en mano y acompañamiento profesional.
El mensaje final: no dejar de consultar ni de controlarse
La recomendación de cierre de la Dra. Benítez es simple y contundente:
- Tener un médico de referencia, con quien haya ida y vuelta, preguntas y explicaciones.
- No abandonar los chequeos anuales, aunque uno se sienta bien.
- Entender que hoy la diabetes es una condición tratable y controlable, pero las complicaciones aparecen cuando se llega tarde o se abandonan los controles.
“Si podés hacer todos los controles como debe ser, vas a poder vivir sin ninguna complicación. Hoy podemos decirlo. Ahora, si dejás de hacerlo, podemos llegar tarde”, resume.
Preguntas Frecuentes
Generalmente se solicitan análisis de sangre (glucemia, perfil lipídico, función renal, entre otros) y orina. Según la edad, antecedentes y síntomas, el médico puede sumar otros estudios.
Podés disfrutar, pero sin perder de vista tus hábitos: mantener controles, medicación, algo de organización en las comidas y sumar movimiento ayuda a que las vacaciones no se conviertan en un desorden total.
No. Caminar 20–30 minutos al día, de forma constante, ya tiene un impacto muy positivo sobre salud metabólica, peso, ánimo y calidad de vida.
No es seguro, pero sí aumenta el riesgo. Justamente por eso es importante hacer controles regulares, cuidar la alimentación, moverse y consultar a tiempo para prevenir o detectar cambios de forma temprana.
